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Proyecto de ley 333.

Que eleva a categoría internacional el Festival Folclórico del Manito Ocueño

Marcos Castillero

Fundamento de la iniciativa

Exposición de motivos

Lectura del expediente; coteja las dudas con el documento original.

En el corazón mismo de la provincia de Herrera, entre campos y caminos de tierra viva, palpita una tradición que no solo ha sobrevivido al tiempo, sino que se ha fortalecido en él: el Festival Folclórico del Manito Ocueño. Desde 1967, este encuentro de cultura y comunidad ha sido un altar popular donde se rinde homenaje al alma del pueblo interiorano. Ocú no celebra un festival cualquiera: encama un universo simbólico que representa la esencia de la vida campesina panameña.

El término "Manito" no es simplemente un apodo o un nombre festivo. Es un código cultural. Es el símbolo de hermandad, identidad, arraigo y orgullo. Es el hombre y la mujer del campo, nobles y trabajadores, que siembran con las manos y cosechan con el alma. Es la solidaridad que brota en el saludo, la sabiduría que vive en la décima, la dignidad que se viste de pollera montuna y sombrero blanco.

El Festival del Manito Ocueño es mucho más que una celebración popular: es un acto de resistencia cultural. Es una afirmación colectiva ante un mundo que amenaza con uniformarlo todo, una manera de decir: "Aquí estamos, así vivimos, esto somos".

Cada edición del festival es una escuela abierta, donde la tradición no se exhibe: se vive. La música típica, los bailes, los rituales del matrimonio campesino, los juegos tradicionales, la cantadera, la comida criolla y la narrativa oral se funden en una experiencia que honra la tierra, la memoria, la comunidad.

Ocú no es solo un escenario, es un territorio simbólico, es un crisol donde convergen la historia, el mestizaje, la resistencia y la esperanza. Las familias, los artesanos, los músicos, los poetas, losagricultores y los maestros de Ocú han sostenido por generaciones esta llama cultural que hoy ilumina a todo el país.

En 1999, mediante la Ley 53, el Festival fue reconocido como fiesta folclórica, sin embargo, la realidad ha superado esa categoría considerada nacional en su dimensión e impacto, trascendiendo los límites distritales y provinciales para consolidarse como una de las celebraciones folclóricas más representativas de la identidad panameña. Hoy, el Festival del Manito Ocueño ya es internacional en espíritu, en impacto y en proyección ha sido capaz de atraer delegaciones, turistas, investigadores, medios y artistas de distintas regiones y países, despertando admiración por su autenticidad y profundidad cultural, su alcance lo posiciona como un referente nacional e incluso internacional de la tradición viva del campo panameño.

Este anteproyecto de ley propone, por tanto, elevarlo formalmente a categoría internacional, no para cambiar su esencia que seguirá siendo comunitaria, ocueña y profundamente panameña, sino para garantizarle el reconocimiento, el respaldo y los recursos que merece. Porque cuando una tradición alcanza esta magnitud simbólica y social, el Estado tiene la responsabilidad de protegerla, fortalecerla y promoverla.

El reconocimiento internacional no es un gesto decorativo: es una política cultural necesaria. Permite abrir el festival al diálogo con otras culturas del continente, propiciar el intercambio con pueblos hermanos de América Latina y el Caribe que comparten raíces campesinas similares, y posicionar a Panamá como un país que no solo es puente del mundo, sino alma del mundo.

Además del valor cultural, el festival tiene un impacto económico tangible: impulsa el turismo cultural, genera empleo temporal, dinamiza el comercio local, fortalece la producción artesanal, gastronómica y textil, y contribuye al desarrollo sostenible del distrito de Ocú y de la provincia de Herrera. Invertir en el Manito es invertir en la dignidad cultural y económica de una comunidad.

Este proyecto, además, propone la creación de un fondo económico estatal permanente, que permita sostener y proyectar el festival sin depender exclusivamente del esfuerzo comunitario o de apoyos esporádicos. Porque la cultura solo es prioridad cuando se traduce en presupuesto, planificación y acción concreta.

Elevar al Manito Ocueño a categoría internacional es un acto de justicia histórica y de visión de futuro. Es reconocer que las grandes riquezas de Panamá no solo están en sus recursos naturales, sino en su gente, en sus expresiones vivas, en su historia contada desde las plazas de tierra y los salones de baile típico.

Este festival es una ofrenda de Panamá al mundo, es un espejo de 10 que fuimos, lo que somos y 10 que aspiramos a seguir siendo, Ocú no es solo Herrera, el Manito no es solo un festival, es Panamá en su estado más puro, más noble, más auténtico.

Por ello, este proyecto de ley se presenta como una defensa del alma campesina, una plataforma de crecimiento cultural y económico, y una apuesta por mantener viva la llama de lo que nos hace únicos.

Porque mientras exista el Manito Ocueño, existirá una voz clara que diga al mundo: Panamá tiene raíces, tiene identidad, tiene cultura que vale la pena preservar y compartir.